(Una conversación choreada en el cine) En el Gaumont todavía faltaban unos 15 minutos para que comience la película, la sala es amplia, no estaba completa pero tampoco vacía. Detrás se sentaron dos viejos (¿puedo cometer la incorrección política de decirle “viejos”?) que tendrían, no sé, ponele, entre 75 y 80. Nada extraño, nada que justificara que prestara atención en ellos. Menos aún porque no los veía, nunca vi sus caras, estaban sentados a nuestras espaldas. Uno habló más alto que lo prudente, su voz se escuchó con claridad como cuando alguien te nombra en medio de un salón ruidoso pero los sonidos se abren paso y dejan que escuches con precisión tu nombre. -Me compré un libro de filosofía. El otro preguntó: “¿cuál?”. “No sé” respondió el primero, “el autor es uno que tiene un apellido con puras consonantes”. Me percaté, inmediatamente, que había comprado “Filosofía ...
Notas de política, sociedad y cultura.