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La Matanza: la construcción gorila del enclave del mal

La derecha viene construyendo desde hace algunas décadas un sitio infernal donde ocurre todo lo malo, oscuro, siniestro de éste país. Por supuesto, esa síntesis de la maldad está en el Conurbano Bonaerense, la habitan cientos de miles de personas, muchos de los cuales son pobres y, muy útil para los fines propagandísticos, lo gobierna el peronismo.

Es el municipio de La Matanza.Una construcción social fogoneada con dosis de gorilismo, racismo y xenofobia lo plantea como la síntesis del infierno en la tierra argentina.

El Diario La Nación, publicó el pasado 18 de junio, una nota de Carlos Reymundo Roberts, titulada "La Matanza: una Argentina marginal y feroz en el corazón del conurbano" (pueden leerla aquí).

No conozco La Matanza, así que podré sumergirme en la descripción de Roberts dejándome llevar por ella.

La primer referencia de este lugar "marginal y feroz" es al peronismo: ya en la volanta aclara que es un "histórico feudo del peronismo". ¿Alguien leyó alguna vez que La Nación definiera como "histórico feudo del PRO" a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?. Por supuesto que no, la oposición CABA blanca, moderna, cosmopolita, gobernada por el PRO versus La Matanza, oscura, marginal, feudal, gobernada por el peronismo es útil a los objetivos de esta construcción simbólica.

La nota está cargada de adjetivos (des) calificativos, algo inusual para un periodismo que trata de presentarse como "objetivo". Cerca de 30 adjetivos se utilizan para mostrar este pedazo oscuro y terrorífico del país. Algunos de ellos son: caótico, intimidante, gris, decadente, feroz, intransitable.

Roberts describe situaciones de La Matanza vinculadas a la inseguridad, al deterioro de los servicios de salud, al narcotráfico, a los problemas de transporte, a la problemática de vivienda como si fueran exclusivos de ese territorio hostil.

Lo curioso es que Roberts desmiente a Roberts en la mismísima nota en un par de ocasiones. 

En la primera de ellas, luego de un recorrido donde se habla de la existencia de 114 villas miserias en La Matanza, el periodista señala que 1 de cada 10 matanceros viven en villas de emergencia, pero la realidad lo obliga a atenuar su propia afirmación, por lo que debe agregar: "el mismo porcentaje que a nivel país".

En la segunda, Roberts expresa su preocupación por la inseguridad del distrito, dice que "la informalidad es ley", pero debe autolimitarse: él mismo describe que los índices de delito son "similares a los de otros partidos del GBA".

Caramba el pozo negro del conurbano no se destaca demasiado de los distritos de la región, algunos de ellos gobernados por simpáticos no peronistas, pero esto puede pasarse por alto.

La construcción de este pedazo de Argentina ganado por el narcotráfico, la ilegalidad, la pobreza y demás plagas incluye toques de centralismo porteño. Unitarismo del siglo xxi.

Un párrafo, al inicio de la nota, lo marca con desmesura, transcribo textual: "Para encontrar una versión dramática de la Argentina, una de sus expresiones más postergadas e injustas, no hay que viajar cientos de kilómetros hasta parajes miserables de alguna provincia del Norte. Está a 20 minutos de la Plaza de Mayo". Sí, el Diario La Nación mira a la Argentina desde el obelisco y para él, las provincias del Norte se imaginan como parajes miserables. La Matanza es sólo eso: un inmenso paraje miserable pegado a la Capital porteña.

Pero la descalificación de provincias del Norte se hermana con la mirada xenófoba hacia otros países de Latinoamérica o África. Para referirse a los vehículos que transitan La Matanza dice: "el desfile por avenidas de decenas de esos autos que parecen caerse a pedazos, abarrotados de pasajeros, remite a Cuba, Haití o algún país africano". La Matanza es, no sólo el interior profundo, sino también el exterior pobre instaurado a metros de su casa. Eso indigna a Roberts, a La Nación y, posiblemente, a sus lectores. Tanto negro junto a minutos de casa es tensionante.

No podía faltar un toquecito de color anti boliviano, por eso califica a Villa Celina como "el febril enclave boliviano".

No hay referencias positivas al distrito en la nota. Sólo una: califica de "flamante" al metrobús recientemente inaugurado por Macri. Más de dos millones de argentinos viven en ese distrito, pero ninguno de ellos -ni individual ni colectivamente- ha logrado generar nada positivo que la nota pueda rescatar. Si se creyera exclusivamente en la nota no habría matanceros trabajando, ni educándose, ni existiría la Universidad de La Matanza, ni fábrica alguna, ni médicos o enfermeras curando la salud de esos 2.2 millones de personas. En La Matanza no ocurre nada bueno, ni nada lindo, ni nada placentero.

La imagen que desean dejar de ese populoso distrito es esta: la del shopping de la droga. Así se describe textualmente:
"al atardecer, la estación Justo Villegas del ferrocarril Belgrano Sur, a metros de Puerta de Hierro, brinda un espectáculo propio de un relato de ficción. Decenas y hasta cientos de jóvenes que, en un rush que dura segundos, bajan del tren, corren a la villa, compran droga y vuelven corriendo para subirse al tren que va en sentido contrario, hacia la Capital. Es un mecanismo de relojería que no puede fallar. Si pierden el tren de vuelta, que ya está en la estación, son asaltados por los mismos que les vendieron la droga".

No hay en la nota alusiones a las políticas económicas, el deterioro social no tendría nada que agradecerle a políticas que destruyen el trabajo y sumergen a cientos de miles de personas en la pobreza. La marginalidad no es producto de políticas ni sistemas. La Matanza es pobre y marginal porque sí. En el vacío. La responsabilidad de esa pobreza y marginación, no responde a políticas públicas (o a su carencia). El único Estado que se menciona como responsable es el municipal, pareciera que ni el Estado Nacional ni el Provincial tienen responsabilidad alguna sobre el distrito más poblado de la Provincia y el País.

La Argentina blanca está construyendo la Argentina negra. Un día de éstos, construirá consenso social sobre alambrarla o amurallarla. O extinguirla.



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