DNU previsional: el berrinche del niño Mauricio...

... o "¿cómo estos negros de mierda me van a parar una ley a mi?".

La tarde del 14 de diciembre comenzó con un Congreso de la Nación militarizado, continuó con palos, balas de goma y represión generalizada, pasó por una sesión sin quorum para tratar la Reforma Previsional y terminó con la amenaza de Mauricio Macri de firmar un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para implementar la reforma que no logró que la Cámara de Diputados aprobara.

Macri, según informaron varios medios, terminó la tarde con un enojo importante, gritando improperios. Palabras irreproducibles, diría luego Gustavo Sylvestre en su programa de C5N.

La reforma previsional está atada al pacto tributario que firmó con los gobernadores y si se cae implicará una merma de entre 65.000 y 70.000 millones de pesos. Una suma importante, pero no definitiva para solucionar los problemas del gobierno macrista.

No creo que haya sido sólo la cuestión económica la que generó el enojo de Macri.

Mauricio es el heredero de Franco Macri. Éste, su padre, metió las patas en el barro, llegó como gringo pobre y terminó a costa de olfato, pocos escrupulos para los negocios y vinculos con el Estado amasando una fortuna de la que Mauricio fue heredero. Mauricio sabe de evasión y elusión de impuestos, de paraísos fiscales, de negociados. Pero no de laburo. Franco lo zamarreó frecuentemente en público, incluso cuando estaba a punto de ser Presidente.

Mauricio, además del heredero de Franco, ese gringo pobre que se hizo rico. Es -además de Macri- Blanco Villegas por parte de su madre. Se educó en el selecto Colegio Cardenal Newman (al igual que algunos de los más influyentes funcionarios de su gobierno).

Mauricio creó un partido político de chetos, niños bien, CEOs. Con ese partido ganó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero los grupos económicos no confiaban que pudiera ser quien desterrara al kirchnerismo. De hecho hace apenas 4 años, en 2013, Macri ni siquiera pudo armar lista en la provincia de Buenos Aires, y la esperanza blanca de los poderes fácticos se llamaba Sergio Massa.

Nadie confiaba en Mauricio. Poco afecto al trabajo, con un hablar de concheto de limitada cantidad de palabras. Ni el poder económico ni el proyecto nacional y popular pudieron medirlo bien. Lo menospreciaron.

Lo subestimaron pero Mauricio armó el primer partido de derecha conformado por las clases altas y las clases medias aspiracionales (ahora se le dice aspiracional, antes Arturo Jauretche las denominó "el medio pelo" conceptualizándolas con precision: "son los que quieren cagar mas alto de lo que les da el culo"). Con ese partido, por primera vez en la historia argentina, la derecha ganó una elección limpia.

Macri lo hizo.

Ganó por escasos tres puntos porcentuales es cierto. Pero comenzó a gobernar y se afianzó, y en la primer elección como gobernante, estas de 2017, ratificó su poderío electoral con una formidable ola amarilla que pareció inundar toda la Nación.

Mauricio, el desafecto, el nene de papá, el de lenguaje limitado, el que pasa más tiempo de vacaciones que en su despacho, les mostró a papa Franco, al poder económico, a los medios corporativos, a los sectores nacionales y populares que era más de lo que habían visto.

Ganó las elecciones de 2017 y dijo: "listo".

Pero un mes y medio después, cuando ya había arreglado con los gobernadores, cuando la Cámara de Senadores había dado la media sanción, cuando sólo faltaba que los diputados votaran su reforma previsional resulta que algo falló.

La ley debía aprobarse el 14 de diciembre. Los morochos marcharon al Congreso, pero los recibieron más milicos que los que hubo en cualquier otra situación similar. Tenía los diputados necesarios para el quorum, los gobernadores ("esos peronistas taimados") le habían prometido sentarle ocho diputados. Sentaron sólo ocho. Los ocho se rotaban, pero nunca superaron ese número. A Mauricio le faltaban dos. Intentó sentar a dos diputados que aún no habían jurado, con lo cual no eran diputados reales y no podían apoyar sus trastes en las bancas para lograr los 129 diputados con los que se logra el quorum.

Balas de goma y palos, afuera; gritos, adentro. Sesión levantada, por Carrió que decide lo que se le antoja sin consultar con nadie.

Mauricio estalló. Amagó con el DNU, que de nuevo Carrió y la CGT le frenaron. Puteó. ¿Cómo no iba a poder sacar su ley? ¿Cómo no iba a poder hacer esa demostración de fuerza, él que ya ganó todo?

Al heredero de los Blanco Villegas, al ex alumno del Cardenal Newman, al que armó el partido que llevó la derecha al gobierno por primera vez con los votos, al que ratificó su potencia electoral hace apenas dos meses otra vez le pusieron un límite. Tal vez momentáneo, pero Mauricio no está acostumbrado a estas cosas.

En la política las marcas de clase también inciden. El desdén por el peronismo y todo lo popular del que hacen gala muchos funcionarios de primer nivel lo deja claro, la momentanea derrota política que sufrió el macrismo de ayer no importa solamente por los efectos económicos de la ley. La represión a los morochos y la decisión de mostrar poder, a los palos o a los DNU, son formas de decirle a una sociedad quiénes gobiernan... y para quienes.

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