La distancia entre Francisco y Macri es la distancia entre el cristianismo y el neoliberalismo

Se cumplen 5 años desde que Jorge Bergoglio fue elegido Papa. Desde ese momento la frialdad entre él y el Gobierno de Mauricio Macri ha ido en crecimiento.

Últimamente la definición de Macri de permitir el debate sobre el aborto, parece echar leña al fuego, pero es sólo una más de la larga cadena de desencuentros.

Les dejo aquí una nota que firma Mauro Federico en Ambito Financiero, donde marca las diferencias en temas muy sensibles: la trata de personas, la exclusión social y el ambiente, cuestiones en la que el macrismo hizo retroceder al país en estos dos años, desarmando programas para la prevención de la trata, generando una situación social compleja y tomando decisiones discutibles en temas como el de los glaciares.

La distancia entre un capitalista neoliberal, como Macri, y un cristiano será siempre sideral. Por dar sólo una imagen simbólica podemos recordar a Jesucristo expulsando a los mercaderes del Templo. Macri es eso, un mercader moderno, por ende no debe sorprender la mirada crítica que sobre él pueda tener cualquier cristiano comprometido con la realidad de su tiempo.

Aquí les dejo el textual de la nota de Mauro Federico:



A pesar de mantener el tono diplomático que corresponde a un referente religioso, no es novedad que al papa Francisco no le cae simpático Mauricio Macri. Ya desde los tiempos en los que Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires y el hoy presidente se desempeñaba como jefe de Gobierno porteño, los contrapuntos fueron evidentes. Este quinto aniversario de la llegada por primera vez de un jesuita latinoamericano al trono de San Pedro sorprende con una controversia inesperada: la decisión del macrismo de impulsar el debate por la legalización del aborto, que termina de empañar el vínculo entre ambos mandatarios.


Sin embargo, no es este el motivo principal que distancia a las actuales autoridades gubernamentales de la Argentina con el Sumo Pontífice. Un nuevo coloquio organizado por la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano con eje situado en las nuevas formas de esclavitud pone de relieve uno de los temas que mayor preocupación ha generado a la gestión papal y que no ha encontrado el correlato deseado en el accionar del gobierno de Cambiemos. "Nadie quiere recordar el faltazo de Macri en 2012 al coloquio de alcaldes de todo el mundo sobre este tema y después el plantazo que le hizo siendo ya primer mandatario argentino al coloquio sobre trata organizado por el Vaticano", recordó Gustavo Vera en diálogo con Ámbito Financiero desde Roma, donde participa de la actividad. El exlegislador y referente de La Alameda es el único dirigente político local presente durante la conmemoración del quinto aniversario de la elección como Papa de su amigo Francisco y uno de los voceros extraoficiales de su pensamiento vivo.



Durante la primera jornada de la actividad realizada ayer en la Casina Pio IV, se planteó un debate sobre tráfico humano que se inició con las palabras del tercer funcionario de peso en el Gobierno del Vaticano, el secretario para las Relaciones con los Estados, Paul Gallagher, más conocido como el canciller papal. Las otras presencias de gran peso internacional fueron las de los funcionarios de la República de China -quienes admitieron las prácticas "equívocas en el control y penalización del tráfico de órganos"- y la de un norteamericano experto en la lucha contra el tráfico de órganos, Francis Delmonico, quien ponderó el rol asumido por los chinos en este nuevo escenario. "Claramente esto marca un posicionamiento que confronta con la mirada propuesta por el Gobierno de Donald Trump y define la agenda verdaderamente trascendente para la Iglesia", aseguró un vocero. También estuvo presente un miembro muy importante de las Naciones Unidas, que está ejerciendo una fuerte presión sobre el Gobierno argentino para que incluya el cambio climático en la agenda del G-20 a realizarse este año en la Argentina. 



Glaciares en la mira



También ayer se dio a conocer una carta abierta que la Comisión Episcopal de Pastoral Social le envió al ministro de Minería y Energía, Juan José Aranguren, cuestionando la intención declamada por algunos funcionarios de avanzar en la modificación de la ley de glaciares para permitir una mayor explotación minera en la zona cordillerana. El documento -de fuerte tono crítico- advierte que "no se han cumplido los necesarios inventarios de glaciares y zonas periglaciares que actúan como reservas hídricas existentes en el territorio nacional con toda la información necesaria para su adecuada protección, control y monitoreo (como lo define el artículo 3 de la Ley 26.639 vigente), y que se esté pensando en modificar la legislación para hacerla menos estricta y por ende menos protectora de estas importantes fuentes hídricas contrariando el principio precautorio en materia ambiental". 



El texto no deja lugar a dudas sobre su principal fuente de inspiración: "La protección del agua, el respeto por los deseos y el modo de vida de las comunidades y el cuidado de la casa común son temas mencionados explícitamente en la encíclica Laudato Si' del papa Francisco, poniendo de relieve la gran preocupación por la contaminación, la sobreexplotación y la falta de estrictos controles que también hemos podido constatar, lamentablemente, en nuestro país a lo largo de las últimas décadas y que han significado, como consecuencia, reiterados accidentes por derrames de cianuro". Toda una definición de los obispos, cada vez más alineados con el Vaticano.
0