En mi cuaderno de investigación voy anotando cuestiones que rondan mi cabeza mientras realizo el borrador del proyecto. Esta es la segunda anotación.
En el esbozo del proyecto de investigación
advierto que hay constantes que me parece importante señalar. No son muchas,
pero hay algunas. Una es fuerte, muy fuerte. Aparece en todos los testimonios.
Es la verdad.
La verdad.
Leo el discurso de Juan Cabandié aquella tarde
en la ESMA. Dice:
“la verdad es libertad absoluta, y como queremos ser íntegramente libres
necesitamos la verdad total”.
He leído y escuchado testimonios de nietos
recuperados, fiscales, abuelas, familiares. Con muchas dudas al principio,
cuando aún no se sabía bien qué hacer al hallar un niño apropiado; con más certezas
después, cuando la construcción y el trabajo de las Abuelas ya llevaba
recorrido un amplio trecho. Todos dicen que lo mejor es la verdad.
Y la emparentan, como Juan en la frase de su
discurso que transcribí aquí, con la libertad.
Tal vez hay allí alguna marca dejada por la
cultura judeo-cristiana, pienso en aquél Jesucristo que dicen dijo: “la verdad
los hará libres”.
Quizás no tan libres, pero un poco menos
esclavos de la mentira que muchos de los nietos restituido intuían cuando no se
sentían cómodos en el lugar donde se hallaban.
Hay allí un punto que los nietos recuperados,
como padres, seguramente transmitirán a sus hijos. Aún no llegó el momento de
entrevistarlos, pero estoy convencido de que ninguno de ellos sometió a sus
propios hijos, al conocer la novedad de la restitución y el cambio de
identidad, a un proceso tan doloroso como el de perpetuar la mentira.
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