Anotación 5. Bisnietos: hijos de los Nietos Recuperados. Cuaderno de Investigación.



La apropiación tiene historia.
Rubén Chababo expone en un coloquio de Abuelas[1] una tesis que lastima la vista, tal vez por eso nunca logré verla. Recuerda su escuela primaria y recuerda que tenía compañeros que claramente no eran hijos de sus padres. Los rodeaba un silencio que gritaba.
No se trataba de hijos de desaparecidos. La dictadura aún no había llegado, eran mediados de los ’70.
Eran hijos de familias pobres que habían sido adoptados (tal vez comprados) por familias de clases medias o altas que no podían tener hijos biológicos.
No había sobre esas familias una condena moral, todo lo contrario: recibían un aprecio social adicional por haber “salvado la vida de esos chicos”.
La apropiación ilegal de cuerpos y de personas –dice Chababo-, el secuestro de niños mediando la paga de una cantidad simbólica de dinero, es parte de nuestra tradición cultural”.
Existía un consenso social al respecto. Era mejor vivir con otros padres una vida de clase media que permanecer en la pobreza con tus padres verdaderos.
Similar tesis utilizó la última dictadura: salvaban a los hijos de “los terroristas” permitiéndoles crecer en ambientes que ellos consideraban más positivos.
Ni siquiera es necesario extenderse en lo horrendo de ambas tesis.


[1] Chababo, Rubén: “Una tradición de silencios”. En: Identidad. Construcción social y subjetiva. 1º Coloquio Interdisciplinario de Abuelas de Plaza de Mayo.
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