
Después del menemismo, vino la Alianza, a hacer lo mismo que el menemismo hacía, con una pátina de honestidad. Sólo una pátina, porque después se demostró que si se rasgaba un poquito, la honestidad aliancista desaparecía.
No obstante, en lo central (que era, es y seguirá siendo lo económico) la Alianza aplicaba la misma receta neoliberal que el menemismo. Se había instalado un discurso hegemónico que establecía que no había nada por fuera del Consenso de Washington y el neoliberalismo. Que, aunque no nos gustaran esas recetas, eran las únicas aplicables. Los gobernantes sufrían... pero no tenían alternativas.
Se fue De la Rúa en su célebre helicoptero, pasaron los muchos presidentes en una semana, vino Duhalde que desde su ortodoxia peronista, aplicó recetas similares aunque con una mirada más peronista (de derecha) hacia la realidad. Duhalde también debió irse y no encontraba en quién refugiarse como heredero. Probó en otro peronista de derechas, De la Sota, pero no movía el amperímetro.
Miró hacia un gobernador patagónico, de apellido impronunciable, que comenzó a recorrer el País. Cuando tenía el 3 % de intención de voto pasó por mi pueblo, que tiene 10.000 habitantes. Lo digo para mostrar que su voluntad era importante: que iba hasta los pueblitos más pequeños. Releo los diarios de esa visita y encuentro que Kirchner, con ese apellido que aún no nos salía, decía las mismas cosas que luego hizo siendo Presidente.
Había convivido con el menemismo y la Alianza, como puede convivir un gobernador: callándose críticas a veces, teniendo que hablar bien en otras, planteando discrepancias sin gritar cuando eso no afectaba a su gobernación de Santa Cruz.
Ahora, en una mirada retrospectiva, habiendo mostrado Kirchner toda su estatura de líder. Encabezó un gobierno que terminó durando 12 años, si computamos los 8 de su esposa, donde los argentinos volvimos a creer en nosotros mismos, elevamos el nivel de vida de toda la población, redujimos todos los indicadores negativos y elevamos los positivos, por no detenerme a hacer una enumeración que sería demasiado larga. Con todo ese bagaje por sopesar me pregunto: ¿cuál es la principal enseñanza que nos dejó Néstor Kirchner a los políticos, a los militantes, a los argentinos en general?.
Escucho al Presidente Macri decir que le "duelen algunas medidas que debo tomar" (nota de Clarín acá) y a otros funcionarios que refieren que no hay alternativas. Escucho los ecos del "modelo único" también en algunos dirigentes peronistas que tratan de salvar sus espacios, o preparar su futuro, siendo funcionales al macrismo. Y pienso que la gran enseñanza que nos dejó Néstor Kirchner fue: no hay modelo único, los límites se pueden ir estirando, moviendo. No hay que actuar con torpeza. No hay que ir más rápido que lo que se puede. Pero tampoco más lento. Eso nos enseñó Néstor Kirchner: la labor del dirigente político de un proyecto nacional y popular es extender los límites, correrlos, para aplicar medidas que mejoren la vida de su pueblo.
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