Los pobres pagan el aprendizaje de Aranguren

El PRO es un partido de derecha pero pragmático y flexible, pro-mercado pero capaz de mantener medidas no liberales si le es conveniente. Nació como partido de gestión, lo cual es una novedad para un partido de derecha, ya que sus antecesores, como la UCEDE, tenían más vocación de incidencia ideológica que de ejercicio directo del poder.

Su líder es el hijo de un empresario, más conocido por su actuación como presidente de Boca Juniors, que saltó a la política y aglutinó a su alrededor figuras provenientes del mundo empresarial y político, junto a jóvenes provenientes de ONG's y fundaciones.

Durante la campaña que le permitió acceder al Gobierno Nacional, Macri y los principales candidatos del PRO repitieron hasta el hartazgo como mantras una serie de conceptos que llevarían a la práctica en caso de triunfar electoralmente. "Pobreza Cero" podría caracterizarse como la promesa más repetida, junto al "no devaluaremos". Otro concepto que aparecía con altísima frecuencia, a veces más de una vez por oración dicha, era el de "equipo".


El PRO afirmaba que tenía "equipo", casi como un fin en si mismo. Como si la mera existencia de un equipo de personas bastara para que los ciudadanos optaran por ellos y les permitieran gobernar. El "equipo" del PRO se vio ni bien Mauricio Macri anunció los miembros de su gabinete, al que algún periodista denominó el "gobierno de los CEO's". Un nutrido grupo de empresarios se "metía en política" de la mano de Macri.

Juan José Aranguren es tal vez un paradigma de este gobierno de CEO's. Presidente de la petrolera Shell en Argentina desde 2003 a 2015, cuando dejó ese cargo para pasar a ser Ministro de Energía. Un ministro de energía que compra combustible a la empresa de la cual es accionista.

Aranguren ha llamado más la atención que otros empresarios-funcionarios por su falta de tacto en declaraciones públicas, como cuando afirmó que si el combustible estaba caro lo que se debía hacer era no comprarlo. Ayer, como se muestra en la foto que ilustra esta nota, cometió otra de sus declaraciones incorrectas políticamente pero que nos sirven para analizarlo (y con él al gobierno de los CEOs). Dijo en referencia a las idas y vueltas respecto de las tarifas de servicios públicos que "estaban aprendiendo sobre la marcha". Antes había afirmado ante un grupo de intendentes peronistas del conurbano que "tenía un excell que cumplir" en materia de tarifas.

¿Qué está aprendiendo Aranguren sobre la marcha?. Aprende a lidiar con algunos (pocos) periodistas no complacientes, aprende que sus decisiones deben ser explicadas a la población, aprende que cada error comunicativo que comete le genera un costo político, entre otras cosas.

Pero Aranguren, y sus colegas empresarios-funcionarios, saben otras cosas: saben defender sus propios intereses, aunque les cuesta mucho ponerse en situación de defender los intereses de los ciudadanos. Entre los propios (como accionista de Shell) y los de los argentinos deciden en favor de los propios. Como otro funcionario, Carlos Melconian, que mientras preside el Banco de la Nación mantiene un juicio en contra de la Nación argentina.

Aranguren parece un elefante en un bazar cuando habla con la prensa o con los legisladores opositores y nos revela que está aprendiendo. Está aprendiendo a ser más sutil en esas circunstancias, está aprendiendo a no obrar como gerente que no necesita explicar sus decisiones a sus empleados. Ojo, cuando termine de aprender eso, estaremos peor, porque el fondo de sus políticas será la misma: defender sus intereses antes que los de la Patria.

Cuando Macri repetía obstinadamente que "había equipo", ¿se refería a este equipo que dice aprender sobre la marcha?. Lástima que no avisó, porque el aprendizaje de los Aranguren lo están pagando los pobres y la clase media junto con sus tarifas de electricidad y gas.

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