¿El voto electrónico terminará con el clientelismo?

Un uso marketinero sin sustento conceptual
¿El voto electrónico terminará con el clientelismo?

Por Pablo Torres

El procedimiento utilizado para emitir el voto no mantiene relación con el fenómeno del clientelismo político. Este no se verá afectado por el voto electrónico, el que le será prácticamente indiferente. Funcionarios del Gobierno Nacional, por el contrario, se esmeran en afirmar que el voto electrónico disminuirá el clientelismo, en declaraciones que sólo tienen que ver con el marketing político y no con lo que pueda ocurrir en la realidad. Por otra parte, el clientelismo sí se está beneficiando del vaciamiento de programas sociales, del aumento de la pobreza y de la retirada del Estado de la contención social. En otras palabras, el Gobierno mantiene un discurso de confrontación con las prácticas clientelares pero en los hechos contribuye a su fortalecimiento.

Marcela desde la puerta de su casa prefabricada despide a Mary, que vino a confirmarle que el próximo miércoles tiene turno para atender a su hijo en el Hospital Interzonal. Costó conseguir el turno, pero Mary utilizó todos sus contactos para que Marcela pueda llevar a Jona, su hijo de 6 años que padece una enfermedad poco frecuente, a ver a un especialista.

Unos días antes de la elección de 2015, como todos los años, Mary también visitó a Marcela y a otra decena de vecinos del barrio. Marcela recibió la boleta electoral. Pero no podemos saber si finalmente votó al candidato que apoyó Mary. Posiblemente lo haya hecho, tal vez no porque se lo haya pedido Mary, o tal vez sí. Los motivos que impulsan a un ciudadano a votar a un candidato son tan variados, como válidos.

Mary también vendrá unos días antes de las próximas elecciones. Pero antes de eso, pasará casi todas las semanas por el barrio, los vecinos la esperarán “a la pasada” si tienen una consulta o un problema de los que Mary suele solucionar.

Mary es lo que llamamos “una puntera política”. Resuelve problemas cotidianos de múltiples ciudadanos pobres que no pueden hacerlo por sí mismos. Luego trata de que esas personas voten a su partido o su candidato.

Algunos políticos que desconocen la naturaleza de la relación entre un puntero político y sus clientes creen que el voto electrónico es una herramienta válida en la lucha contra el clientelismo. Lamentamos decirlo pero no es así.

El voto electrónico no acabará con el clientelismo por una razón muy sencilla: el clientelismo tiene poco que ver con el procedimiento que se usa en la votación. Son fenómenos que transitan por carriles paralelos, y si bien el clientelismo se relaciona con el voto, no necesariamente tiene que ver con el momento del voto.

Ahí está la confusión. La forma en que se vota no está relacionada con el fenómeno del clientelismo político. Pretender terminar con el clientelismo cambiando el procedimiento del voto es usar una herramienta que nada tiene que ver con el objetivo que se busca. Algo así como tratar de cortar el césped utilizando un destornillador.

No analizaremos aquí ni las bondades ni los defectos del voto electrónico, sólo nos detendremos a explicar que su aplicación no es pertinente ni cambiará en nada la perniciosa práctica del clientelismo.

Es curioso que funcionarios como Adrián Pérez, Secretario de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior de la Nación, encargado del tema de la reforma política, que incluye el voto electrónico, haya afirmado en entrevista al Diario La Nación que “la boleta única electrónica termina con las prácticas clientelares que suele originar la boleta de papel por partido[i]. Las prácticas clientelares no son originadas por la boleta de papel, tienen motivos más profundos y estructurales.

Estos funcionarios demuestran un desconocimiento total de lo que implica el clientelismo. La relación clientelar ni comienza ni termina con la entrega de una boleta en papel, incluso en muchas ocasiones esto es innecesario, hasta superfluo. La relación clientelar entre el puntero y sus clientes es una relación anclada en el tiempo, que generalmente dura muchos años, donde el puntero va resolviendo distintos problemas cotidianos de sus clientes: un turno al médico, medicinas, alimentos, acceso a programas sociales, acceso a puestos de trabajo para algún miembro de la familia, entre muchos otros.

Esa relación fortalecida por el conocimiento mutuo no se verá cortada porque el procedimiento de votar sea mediante una computadora. La imagen de Mary entregando a Marcela la boleta de su partido no existirá más, pero Mary visitará a sus clientes el día previo a la elección, les contará que ahora se vota distinto, les explicará quién es su candidato y les pedirá que lo voten. Ellos evaluarán la situación, como siempre, y decidirán su voto. El que no exista una boleta de papel entregada en la mano será un detalle superfluo que no incidirá.

El voto será electrónico, pero Mary continuará recorriendo el barrio, consiguiendo la leche para el recién nacido, la pensión para el discapacitado, el turno para el hospital inaccesible. El voto electrónico es sólo un procedimiento para realizar los comicios, que suceden cada dos años; el clientelismo sucede cotidianamente. No es un momento cada dos años, son muchos momentos que se repiten cada vez que una familia humilde tiene una necesidad que no puede resolver por si misma. Ahí aparecen “las Mary”. Y no dejarán de aparecer porque no haya boletas de papel en los cuartos oscuros.

Incluso puede servir para perfeccionar los clientelismos más densos y otras acciones tales como la compra de voto o el control de a quién vota el ciudadano. Daniel Penazzi, matemático y criptógrafo de la Universidad de Córdoba agrega algunos elementos: “un investigador demostró que con el sistema de Buenos Aires se pueden comprar votos muy fácilmente. Ese modelo usa un chip que se puede leer. Alguien va con un celular de alta gama, con un programa que se baja de internet, y lee el chip. Se pone el celular en el bolsillo, genera el voto, lo acerca al celular y le queda grabado el voto en el aparato, para mostrarlo al puntero. No elimina para nada el clientelismo. Lo favorece y lo simplifica[ii]

El clientelismo político disminuye cuando el Estado se expande con fuerza por todo el territorio nacional, desplegando políticas públicas universales y reduciendo la capacidad de intermediación de los punteros políticos. La Asignación Universal por Hijo (AUH) es tal vez el programa ejemplo que debe tomarse para avanzar contra el clientelismo político. Un programa universal que se gestionaba desde las oficinas institucionales del ANSES sin la necesidad de intermediarios.

Es paradojal que un gobierno que hace retroceder la presencia activa del Estado, desfinanciando numerosos programas sociales utilice discursivamente como herramienta de marketing contra el clientelismo el uso del voto electrónico[iii].

El clientelismo político no se verá afectado por la reforma política que impulsa el macrismo. El voto electrónico no acabará con el clientelismo, es muy posible incluso que ayude a perfeccionarlo. Mary volverá a recorrer las viviendas de sus clientes en los días previos a la próxima elección, que no les entregue una boleta de papel, será sólo una anécdota.




[i] http://www.lanacion.com.ar/1913408-adrian-perez-la-boleta-electronica-va-a-terminar-con-el-clientelismo
[ii] http://www.lavoz.com.ar/politica/entrevista-daniel-penazzi-el-voto-electronico-no-elimina-el-clientelismo
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