Trump, ¿crisis del capitalismo?

Lecturas.
La filósofa e intelectual feminista estadounidense Nancy Fraser habla sobre la crisis del capitalismo en Estados Unidos y el feminismo de Hillary Clinton.

Por Ever Osorio


¿Es el síntoma Trump representativo de algo más allá que de un sistema democrático disfuncional? En recientes lecturas, la derrota de los demócratas en la elecciones presidenciales de Estados Unidos y el apoyo incondicional de una minoría –racista, misógina islamofóbica– hacia Donald Trump estuvo estrechamente vinculada con la caída hegemónica de la forma de gobierno abrazada e impulsada este país: la democracia liberal. La dimensión económica de dicho sistema –que en teoría impulsa el libre comercio, la circulación transfronteriza de bienes y servicios, la integración económica regional así como el flujo de recursos financieros y, como se le llama en el argot técnico, de capital humano– ha dejado de ser atractiva para un importante sector social en ambos lados de la frontera. ¿Se ha agotado el capitalismo neoliberal? Las políticas proteccionistas prometidas (y ya en gestión) de Donald Trump, representan un rechazo a este modelo económico.
Diversos análisis han demostrado que gran parte de los votantes de Trump sentían que el modelo económico neoliberal les era adverso. Más allá de la crítica y el rechazo hacia el grotesco discurso nacionalista, racista, de género e islamofóbico que esta minoría, empoderada por su líder representa y ejerce ¿habrá forma de pensar que de alguna manera su malestar sea legítimo en tanto se constituyeron como un sector precarizado por este modelo? ¿Cómo entender esta nueva relación de alteridad? Desde una perspectiva neo-marxista, ¿será posible reconciliar la agenda de la clase trabajadora estadounidense olvidada por las políticas neoliberales de los últimos años con  las clases media y baja de México –un país en la periferia del sistema global– que han sido orilladas a la clandestinidad y la explotación?
Quizá el problema no es la economía capitalista en sí, sino el orden social capitalista. Esta es la propuesta que la filósofa Nancy Fraser plantea para pensar nuestro presente. El capitalismo no sólo como un sistema económico, sino como un orden social global institucionalizado, en el cual hay dimensiones políticas, de género, ecológicas y sociales.

“Si no hay quien cocine, limpie la casa y cuide a los niños no hay ni producción ni intercambio económico”.

G: En tu artículo “Behind Marx’s Hidden Abode” (“Detrás de la morada escondida de Marx”), redefines al capitalismo como un orden social institucionalizado. ¿Qué barreras supera esta definición?

N.F.: Esta forma de entender al capitalismo es una alternativa a pensarlo como un simple sistema económico. Primero, pienso en la crítica feminista del trabajo doméstico, al que se le denomina más ampliamente trabajo reproductivo social, que incluye todo el trabajo que tradicionalmente haría una mujer en el hogar. Este ha sido una condición de posibilidad indispensable para que funcione el capitalismo. Si no hay quien cocine, limpie la casa y cuide a los niños no hay ni producción ni intercambio económico. Tradicionalmente, el entendimiento del capitalismo ha empujado a esta área fuera de su sistema, y por lo tanto se ha ignorado. Segundo, con el desarrollo de la problemática ecológica se piensa otra precondición absolutamente indispensable para el capitalismo: la naturaleza como fuente de recursos para la producción. Ya sean materias primas, energía o la materialidad de las cosas en espacios donde lo basura es aventada. Tercero, está la pregunta del poder público como una precondición necesaria para la economía capitalista oficial monetizada. En el nivel jurídico (el uso de fuerza militar y el estado de derecho), están inscritas todas las cosas que el poder público tiene que hacer para contribuir en términos de infraestructura. No podría haber una economía capitalista sin que los estados u otros poderes públicos transnacionales, suplieran esas precondiciones necesarias.

Mi propuesta es expandir la visión de lo que es el capitalismo. No es sólo un sistema económico sino la relación que hay entre el sistema económico y las condiciones de posibilidad que hay en el trasfondo: la reproducción social del trabajo, la ecología y los poderes públicos. Esto es a lo que me refiero cuando digo que el capitalismo es un orden social institucionalizado.


 G: ¿Cómo entender una crisis del capitalismo?

N.F.: Esta conceptualización expande nuestra visión de lo que es una crisis capitalista: no una simple crisis económica en la que un marxista diría que hay imperativos contradictorios que conducen a colapsos periódicos, depresiones, desempleo, etc. Todo esto es verdad, pero además hay tendencias a las crisis que tienen que ver con la economía y sus condiciones de posibilidad. Esta idea es más cercana a Karl Polanyi que está preocupado por la relación entre economía y sociedad y cómo la creciente autonomización de la economía, su separación del control social, moral y político llevaron a debilitar, y desestabilizar a la misma formación social de la que se origina y a la cual necesita. Tengo algunos problemas con la manera específica en que Polanyi plantea la idea, pero por otro lado desarrolla toda una nueva manera de entender la crisis. En este sentido, los dos Karls, se complementan. Por un lado están las tendencias internas del capitalismo a la crisis que Marx señala, y por otro lado las  tendencias inter-espaciales que Polanyi señala que hay entre lo social, lo público y la economía. Lo que creo que es que hay que hablar también de las tendencias a las crisis políticas ecológicas y de reproducción social.

G: ¿Qué elementos del capitalismo hacen difícil la trans-fertilización de las diversas luchas que hay –sexismo, ambientalismo, etc.–?

N.F.: Hay varios niveles. El primero es que hemos operado bajo el entendimiento hegemónico de que la economía es una, el Estado es otro, esto es lo que hace el mercado y esto otro de lo que se encarga la democracia. Este es un tipo de ideología. También está la ideología de que la producción económica es una y de que la reproducción es otra, y que por lo tanto la lucha de las mujeres por vivienda o educación no son luchas económicas y por lo tanto no están en la agenda de la lucha de la clase trabajadora. En la historia del socialismo ha habido una tendencia a enfocarse en la problemática de la producción y en minimizar y marginalizar otras luchas como la de la reproducción social del trabajo, como si fueran independientes. Hemos visto en otros casos que gente preocupada por el trabajo y los empleos, considera que están en guerra con movimientos ambientalistas porque creen que quieren detener al “desarrollo” y que eso repercutirá en sus trabajos. Las vistas hegemónicas del capitalismo generan la idea de que las cosas están mejor separadas una de otra, o en el peor de los casos que están en contra como es el caso de los empleos vis-à-vis el medio ambiente. Lo que se necesita hacer es crear un mapa más amplio de la problemática, de qué es lo social y como funciona, que muestre que no está separada y que no necesita ser colocada en en maneras que son inherentemente antitéticas o contradictorias.

El segundo tiene que ver con las geografías “disparejas” del capitalismo y con la formas en que los intereses de diversas personas son contrapuestas con las de otros, en tanto que diversas regiones y geografías del globo se han desarrollado de manera diferente. Hay toda una historia de cómo en los países “centrales” del capitalismo ha habido una lucha por los derechos de los trabajadores, los sindicatos y la democracia; mientras que en la denominada “periferia” había una política neo–imperialista, colonizadora y esclavista. Aquí hay un tipo de visión truncada, en la que la no se entiende la conexión entre la explotación laboral en lo que se llamaba el “primer mundo” y la ocupación de la tierra y sus recursos, de mano de obra y demás en el “tercer mundo.”  Hay que restaurar la noción de que el capitalismo es un sistema global y hay que entender las conexiones. Por ejemplo, en los países “centrales” las clases trabajadoras han experimentando el proceso de desindustrialización, de pérdida de sus trabajos y derechos; esto porque el capital global ha reubicado, por dar un ejemplo a la manufactura, en la ex periferia siendo esto perjudicial para ambos sectores en tanto a derechos y protección se refiere. Es muy fácil para la élite, contraponer los intereses de la gente y generar tensión entre ellos. En la campaña para presidente en Estados Unidos, surgió por así llamar, una campaña nativista nacionalista y proteccionista de gente como Trump que se basó únicamente en el “no dejaré que sigan robando nuestros empleos.”

Este es un problema muy complicado porque ha resultado fácil decir que lo que el sur global gana, lo pierde el norte; o viceversa. Lo que tenemos que generar es una perspectiva que muestre como todas la geografías y niveles de la lucha están imbricados en un mismo sistema. Hay que re–imaginar al sistema–mundo de una manera que pueda ser justo para todos. Hay muchos obstáculos para generar una alianza, pero esta es necesaria si queremos abordar las raíces reales del problema.


“[El capitalismo] No es sólo un sistema económico sino la relación que hay entre el sistema económico y las condiciones de posibilidad que hay en el trasfondo.”

G: Sobre las elecciones, ¿cuál era el problema con el feminismo de Hillary Clinton?

N.F.: Hillary Clinton tiene fuertes credenciales como una feminista de cierto tipo. Por ejemplo, ha defendido consistentemente los derechos sexuales y reproductivos, y la igualdad de paga, entre otros derechos. El problema es que su manera de entender estos problemas, no aborda al marco liberal meritocrático que es hegemónico en los Estados Unidos. No quisiera enfocarme tanto en ella como individuo, sino más bien en esta ala del movimiento feminista que ha entendido el problema de la discriminación y la necesidad de remover barreras para que las mujeres puedan competir con los hombres en los mismos términos para los mejores trabajos y los más altos rangos en el ejército, en las corporaciones y el sector público. Este feminismo se trata de dejar que algunas mujeres crezcan con base en su “talento” sin reflexionar en las ventajas que esas mujeres tienen con respecto a otras para poder crecer.
El problema es que bajo esta forma de capitalismo como un orden social institucionalizado, la única manera en que el diez por ciento talentoso puede crecer es a costa del menos “talentoso” noventa por ciento; esto es lo que ocurre en las relaciones de género en Estados Unidos el día de hoy. Existe un estrato altamente “calificado” de mujeres que han tenido oportunidades de educarse y son doctoras, abogadas y ejecutivas de alto rango. El problema es que en realidad, la única forma en la que pueden llevar a cabo estas profesiones tan demandantes es en los mismos términos en que los hombres lo han hecho: delegando las responsabilidades del cuidado (actividades del “hogar” como cuidar a los niños y a la casa) a trabajadores de baja paga en situación de precariedad, inmigrantes típicamente racializados, que limpian las casas y cuidan a sus hijos en edad infantil y a sus padres en proceso de envejecimiento.

Este es un problema, el otro tiene que ver menos con feminismo y más con la dirección que el “clintonismo”(incluyendo a su esposo) tomó. Ellos son los arquitectos de los “nuevos demócratas”. Los Clinton creen que el antiguo partido demócrata, que estaba profundamente aliado a sindicatos y uniones laborales y el “nuevo acuerdo”, estaba perdiendo la habilidad de atraer independencia y que tenía ser más amigable con los negocios, el mundo de las finanzas y Wall Street. Así fue como ellos tomaron al partido demócrata en esta otra dirección que fue de la mano con el proyecto de neoliberalización para toda la economía y la sociedad, junto con el proceso de desindustrialización. De este modo, ella es un parte esencial de este nuevo capitalismo financiero. Ella no es una crítica de éste, sino que junto a su esposo es una arquitecta del mismo, de modo que está muy endeudada con los intereses financieros. Ella no era alguien que pudiera confrontar las contradicciones de la que he hablado anteriormente.

El último elemento que habría de agregar es el de política exterior. Ella es una de las mentes detrás de la política de “cambio de régimen” en el peor sentido de la palabra, desde Irak hasta Libia y Siria. Esto es desastroso no sólo para la política exterior de Estados Unidos, sino para el mundo en general y para el Medio Oriente en particular que es donde se originó ISIS. Yo diría que Hillary Clinton tenía al menos tres elementos mayores en su contra: política exterior, Wall Street y su feminismo liberal, que es mejor que ningún feminismo, pero que es inadecuado.

Publicado originalmente en Revista Gatopardo, leer en el original acá.
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