La fantasía que sostiene a Randazzo

Lecturas
Martín Rodríguez es un joven periodista que suele escribir medulosas notas sobre política nacional en La Política Online. Como esta, que describe la situación y los desafíos del peronismo.

Un sector del peronismo cree que el ex ministro es la llave para recuperar votos que rechazan al kirchnerismo.
Nos guste o no lo que organiza la política argentina es el "partido del Estado" o el partido en el Estado. ¿Quién se presenta en 23 distritos bajo el mismo sello? Un solo partido: Cambiemos. Un partido que hace dos años no existía. ¿Pero dónde no se presenta Cambiemos? En la CABA, su terruño. En algo se parecen Cristina y Macri: en sus territorios de base más sólida no quieren internas que disputen un liderazgo que creen "natural". Pero Cambiemos pisa todos los distritos, y un trabajo rebuscado sería hoy hacer el mapa del peronismo en el país: ¿bajo qué sigla, con qué referencias nacionales, dónde hay kirchnerismo fuera del AMBA o Santa Cruz, hay un líder del peronismo no kirchnerista? Cristina se quedó con la tercera sección electoral bonaerense y el progresismo porteño (progres y pobres), con eso rearmó su poder.

Pero es habitual en el FPV esta tensión en pos de recuperar "mayoría": entre quienes creen en la polarización (kirchnerista) y quienes creen en la ampliación del perfil de la oferta, como le salió a Ecuador con Lenín Moreno. Lo cierto: desde 2013 el peronismo viene perdiendo y parece no enterarse. ¿Hubo fórmula más polarizadora y pura que la de Aníbal Fernández y Sabbatella? Perdió. ¿Y la oferta más contemplativa de Scioli? Perdió. Ahora el lazo que la derrota de 2015 cortó es el que unía al peronismo del interior (eso que llaman "conservadurismo popular", y que son muchos subsistemas provinciales) y el kirchnerismo, una identidad metropolitana que ocupa la escena y que en algún sentido es maradoniano: no se sabe qué equipo estrictamente puede dirigir, pero invade con su dramática. Fuera del Estado... el peronismo se partió. ¿Y qué no tiene el peronismo, entonces? Una síntesis.Randazzo mide poco, pero la fantasía que lo sostiene es recurrente y es creer que potencialmente representa "algo distinto" aunque todavía no se sepa muy bien de qué se trata. No es un tema de "números", sino una proyección del peronismo: ¿se pueden recuperar votos en territorios no kirchneristas? Massa lo hizo, cumplió la regla: "armen un partido y ganen elecciones". Armó un partido, ganó una elección. Y subsiste hasta hoy: se quedó con la clase media baja, el "moyanismo social".
El kirchnerismo después del poder se topa con los límites de su propio "monstruo": la centralidad estatal de la política (el fisco nacional de rienda corta que Frigerio actúa con guante de seda) y las PASO, un instrumento para dirimir las "internas" que asegura el juego intra-partidario. Un dato a recordar es que Cristina siempre fue una política de partido, y eso la ponía bastante al límite: podía ser parte del peronismo conducido por Menem y a la vez cuestionar ese liderazgo sin romper el partido. Síntesis: ¿para qué existe una regla? Para que tengas más libertad de acción y la mínima responsabilidad de respetarla.
Conducir contradicciones
Nuestros grandes "partidos nacionales y populares" han sido de centro, en el fondo, por razones distintas: el radicalismo por vocación histórica y el peronismo por promedio. Tal vez incluso eso explica el mayor éxito del segundo. Pero los liderazgos populares siempre suponían administrar contradicciones ideológicas, vaivenes entre vanguardias y retardatarios. Desde Perón hasta Alfonsín, por nombrar a los dos que todos aman amar, tenían la delicadeza de saber que había una tarea intransferible de "contención" y síntesis que asumía sólo el líder.
Perón no quería estar rodeado de miles de Maquiavelitos pillos que le imitaran su juego pendular, sino de representantes fieles de su "parte" en el peronismo, y él sintetizaba esas partes. Lo segundo que sabían los líderes era que, valga la redundancia, no podían "saber" todo lo que hacían sus hombres y mujeres. Es decir: sabían que su entorno de políticos, operadores y militantes también hacían política.
Veamos un ejemplo "exterior". En el documental sobre la negociación entre el gobierno de Zapatero (PSOE) y ETA se narran las conversaciones que inicia un político socialista de segunda línea, cercano al ministro del interior Rubalcaba, con un referente de la izquierda separatista vasca. Cenas con vino y charlas sobre bueyes militantes perdidos en la noche de los tiempos. Esas conversaciones secretas, aisladas, sin permiso, resumen un viejo decálogo del operador político que solía describir Mario Wainfeld: hacer cosas a espaldas de los jefes, que los jefes no aprobarían pero que paradójicamente a los jefes les conviene que se hagan. Si sale bien, te premian. Si sale mal, sos el fusible. Ese margen de libertad creativa es el modo de producir poder. De esas desobediencias nacen mejores obediencias. Lo que ese paisano socialista comenzó a tejer en su conversación con el "etarra" hubiera sido motivo de sanción hasta que también esa mesa abría una luz. Un día se enteran, un día contás arriba lo que hacés, un día empezaste a construir algo. Un día esa conversación empieza a ser una negociación. La política de valientes.
La política argentina tuvo en sus mejores capítulos una construcción colectiva de hombres y mujeres libres, en asociación. El peronismo parece haber mutilado su creatividad, su templanza, su complejidad y diversidad en pos de una narrativa dura (o el silencio). Y lo que discute con el telón de fondo de un cuadro social deteriorado es algo más que el liderazgo... es su futuro. Diríamos, su existencia, más allá de la inercia, de la "resiliencia".
Conducir es también administrar las ambiciones ajenas. Años y años muchos charlistas colocaban su esperanza en un peronismo que estaba detrás del poder contingente del kirchnerismo, algo así como un "Consejo de Sabios" gobernadores, intendentes o sindicalistas en los que se graficaba el "poder permanente" peronista. El poder detrás del poder. Eso no existió, el PJ fue un tigre de papel. El peronismo es siempre estructura y novedad: quien tiene una cosa y no la otra no tiene nada. Es un juego de equilibrios.
Las primarias
Las PASO nacieron para reorganizar la política tras la crisis en un sentido de mayorías y para organizar de algún modo las formas de vida interna. El mejor ejemplo es que se logró la unidad trotskista con una ley de la democracia burguesa. Fue una tardía respuesta al "que se vayan todos". Como dijo el sociólogo Ricardo Sidicaro: "cantaron que se vayan todos y solo se fueron los partidos". ¿Cuál fue el mérito de esa reforma política? Evitar que cada político arme su cuchitril. Buenos Aires estaba llena de ex ibarristas que armaban su Frente Popular y Prolongado con patrullas perdidas que iban, por ejemplo, a hincar el diente a los foros "por la ley de comunas", esas reuniones de "gente común" con sus cuadernitos Gloria todos escritos con birome roja y letra napoleónica describiendo para sí mismos dónde había que poner las villas, los cartoneros o la policía. La ley de las PASO cortó de cuajo la extraña costumbre de que cada político tenía derecho a montar su kiosco con forma de partido.
De modo que, más allá o más acá de las PASO, el peronismo aparece sobre-girado en discusiones endogámicas. Puede hacer internas o no (ninguna cosa sería grave, que jueguen todos, que Cristina refresque el número de su representación), pero no pueden sobreactuar su drama interno porque eso lo sigue vaciando en una disputa sobre una más chica porción de torta electoral ("el fin del pueblo peronista", "la democracia de los segmentos").
La oposición le pide al gobierno que escuche y atienda los colectivos que desprecia (los sindicatos, las organizaciones, las minorías, los docentes, etc.), porque pese a que el gobierno "cierra" algunos acuerdos con sindicatos, su didáctica es clara: una opinión pública hecha de voces individuales, millones de personas libres y libres solo si son capaces de permanecer en esa libertad individual en la que resisten contra otros que no serían libres porque se asocian en colectivos. La libertad es individualista, la esclavitud es colectiva. La libertad es la de circular libres (como las personas, como los capitales). Permanecer en mi individualismo: mi progreso es mío, mío. Un ciudadano tan único que es in-colectivizable. Duran Barba es elaboradísimo pero en una entrevista de más de diez preguntas termina despotricando contra sindicatos y piquetes. Y simultáneamente quizás la sensatez le pide al peronismo que vuelva a escuchar a las personas, a los individuos, a los de a pie, a esos que no son solo "manipulados" por los medios, o esos que quieren el derecho a sentir que se ganaron por mano propia lo que tienen y que no viven dentro de las audiencias militantes; y que el macrismo con su construcción del "hombre común" supo reflejar bien (el abuelo de Macri fundó el partido Uomo Qualunque). La individuación de la sociedad es un dato realista que una comunicación política no puede resolver sólo ignorándolo, o sosteniendo su fe en que cada sujeto es social. Lo es, y aún así...
Las elecciones de 2015 dijeron algo de la sociedad que el peronismo necesita oír. Resetearse mirando y oyendo, simplemente y por un rato, al hombre que está solo y espera
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