Por andariveles separados corren la gestión de gobierno y las declaraciones públicas. Lo que antes se llamó "doble discurso" o podría denominarse con un concepto más antiguo: hipocresía.
Solo que es una hipocresía de nueva generación. Quienes enuncian no sienten que estén mintiendo, o tal vez menos que eso: ni siquiera reflexionan si su discurso es veraz o no.
Es el discurso del marketing.
Mientras critica a la grasa militante, contrata militantes de su partido con sueldos que triplican a la "grasa militante" expulsada.
Mientras anuncia que ha intervenido un sindicato y pone a su interventora de ejemplo, utiliza esa estructura sindical para el conchabo de amigos, parientes y empleados (como Triaca con Sandra Herrera en el SOMU y su interventora Gladys González).
Mientras enarbolan un discurso que llama a "la buena onda" y superar la grieta, agitan el fantasma de Cristina para que la grieta se mantenga y tengan rédito electoral.
Mientras hacen de la transparencia una bandera (discursiva) abusan de sus lugares en el gobierno para los negocios propios o cometen delitos, a los que piadosamente llaman "conflicto de intereses" (Panama Papers, el caso Arribas con la coima de Odebretch, el negociado con el Correo Argentino, etc. etc.).
Podríamos continuar con muchos "mientras..." haciendo una lista casi interminable. Podríamos caracterizar al gobierno macrista como intrínsecamente hipócrita, pero no estaríamos agregando mucho a lo que sabemos. La idea no es etiquetarlo, lo que además de poco sirve.
La idea es observar la novedad que trajo el macrismo: un discurso desvinculado de los hechos, en el cual el hablante no siente que esté forzando la realidad en su hablar, confiado en que el complejo periodístico-corporativo-judicial construirá relatos que hagan real ese discurso.
Es para estudiarlo, para analizar cómo impacta en la sociedad civil despolitizada, y para detectar cuáles son sus límites. La reforma previsional parece que se ubicó en la frontera, donde los hechos desbordaron al discurso paralelo de la gestión macrista. El affair Triaca reforzó esa sensación de cercanías con el límite. Macri buscó entonces recuperar iniciativa con la prohibición de contratar familiares y con un pseudo-achicamiento de las plantillas de funcionarios políticos.
La comunicación macrista parece eficiente... pero sólo hasta que se choca con la realidad, como en el tratamiento de la ley de reforma previsional o en el audio de Triaca que, escapándose del discurso del marketing, dejó al descubierto lo que sus palabras anteriores venían ocultando.
Esa es la tensión política del momento: si la sociedad civil poco politizada, que se informa a través de los medios dominantes continúa analizando la realidad a partir de lo que le dicen o, por el contrario, si la realidad se le cuela por las hendijas y advierte su verdadera esencia.
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Es el discurso del marketing.
Mientras critica a la grasa militante, contrata militantes de su partido con sueldos que triplican a la "grasa militante" expulsada.
Mientras anuncia que ha intervenido un sindicato y pone a su interventora de ejemplo, utiliza esa estructura sindical para el conchabo de amigos, parientes y empleados (como Triaca con Sandra Herrera en el SOMU y su interventora Gladys González).
Mientras enarbolan un discurso que llama a "la buena onda" y superar la grieta, agitan el fantasma de Cristina para que la grieta se mantenga y tengan rédito electoral.
Mientras hacen de la transparencia una bandera (discursiva) abusan de sus lugares en el gobierno para los negocios propios o cometen delitos, a los que piadosamente llaman "conflicto de intereses" (Panama Papers, el caso Arribas con la coima de Odebretch, el negociado con el Correo Argentino, etc. etc.).
Podríamos continuar con muchos "mientras..." haciendo una lista casi interminable. Podríamos caracterizar al gobierno macrista como intrínsecamente hipócrita, pero no estaríamos agregando mucho a lo que sabemos. La idea no es etiquetarlo, lo que además de poco sirve.
La idea es observar la novedad que trajo el macrismo: un discurso desvinculado de los hechos, en el cual el hablante no siente que esté forzando la realidad en su hablar, confiado en que el complejo periodístico-corporativo-judicial construirá relatos que hagan real ese discurso.
Es para estudiarlo, para analizar cómo impacta en la sociedad civil despolitizada, y para detectar cuáles son sus límites. La reforma previsional parece que se ubicó en la frontera, donde los hechos desbordaron al discurso paralelo de la gestión macrista. El affair Triaca reforzó esa sensación de cercanías con el límite. Macri buscó entonces recuperar iniciativa con la prohibición de contratar familiares y con un pseudo-achicamiento de las plantillas de funcionarios políticos.
La comunicación macrista parece eficiente... pero sólo hasta que se choca con la realidad, como en el tratamiento de la ley de reforma previsional o en el audio de Triaca que, escapándose del discurso del marketing, dejó al descubierto lo que sus palabras anteriores venían ocultando.
Esa es la tensión política del momento: si la sociedad civil poco politizada, que se informa a través de los medios dominantes continúa analizando la realidad a partir de lo que le dicen o, por el contrario, si la realidad se le cuela por las hendijas y advierte su verdadera esencia.
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