Quedan pocos días para la primera vuelta en las presidenciales brasileras. Lula ensaya por segunda vez su intento de traspasar su fortaleza electoral a un delfin. Lo hizo con Dilma, en otras circunstancias, desde la Presidencia de la República, y ahora lo intenta con Fernando Haddad, desde la cárcel. La primera vez, electoralmente, salió bien. Veremos cómo resulta en esta nueva ocasión.
Haddad un ex alcalde de San Pablo, sin demasiado reconocimiento popular fue elegido como candidato a Presidente. Le ayuda que Bolsonaro, su más importante rival, defiende políticas de una derecha demasiado extrema, lo cual puede acercarle a Haddad algún voto del centro.
El experimento de Lula parece, a priori, bien encaminado. Aunque en la cancha se ven los pingos: la respuesta la tendremos recién cuando hablen las urnas, tanto en la primera como en la segunda vuelta.
Haddad por ahora parece crecer en la intención de voto, al menos eso indican todas las encuestas, que ya lo señalan disputando el ballotage y con serias intenciones de poder ganarlo.
Haddad un ex alcalde de San Pablo, sin demasiado reconocimiento popular fue elegido como candidato a Presidente. Le ayuda que Bolsonaro, su más importante rival, defiende políticas de una derecha demasiado extrema, lo cual puede acercarle a Haddad algún voto del centro.
El experimento de Lula parece, a priori, bien encaminado. Aunque en la cancha se ven los pingos: la respuesta la tendremos recién cuando hablen las urnas, tanto en la primera como en la segunda vuelta.
Haddad por ahora parece crecer en la intención de voto, al menos eso indican todas las encuestas, que ya lo señalan disputando el ballotage y con serias intenciones de poder ganarlo.

Además de la obviedad de que la definición de un Presidente en Brasil siempre impacta en la Argentina, por las relaciones económicas que mantienen ambos países y por la potencia del gigante brasilero, en esta ocasión hay otros motivos para mirar el experimento con atención:
* la situación de Lula y la de Cristina Kirchner son semejantes por la persecución judicial-mediático a la que se han visto sometidos ambos en los últimos años;
* la dificultad a la que ambos se han enfrentado de apoyar candidatos que no sólo respeten su proyecto político sino también que tengan conocimiento de la sociedad y potencia electoral;
* el hecho de tener que enfrentar corporaciones mediáticas poderosas que juegan abiertamente en lo electoral en su contra;
* la existencia, en ambos países, de poderes judiciales corrompidos, aliados a las corporaciones mediáticas y la presencia de gobiernos neoliberales, que buscan barrer (a veces exitósamente) muchos de los derechos y conquistas de los anteriores gobiernos populares.
Si en Brasil se concreta el hecho de que un candidato prácticamente desconocido al incio del proceso electoral logra consolidarse a partir del apoyo de un líder preso ese hecho tendrá influencias indudables en el proceso electoral argentino que se acerca.
Salvando las distancias entre ambas sociedades, un triunfo del PT en Brasil inyectará una fuerte dosis de confianza en las filas del peronismo (no racional). Tal vez incluso impacte en las decisiones que deberá tomar Cristina Fernández de Kirchner, es decir, en su decisión de candidatearse o no para la Presidencia de la Nación y en el marco de qué alianzas realizarlo.
Quedan apenas doce días para la primera vuelta presidencial brasilera, muy poco tiempo. La misma noche del 7 de octubre habrá enseñanzas para tomar del comportamiento de nuestros vecinos en las urnas.
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